Estando de vacaciones por un pueblo perdido en la montaña de Asturias mi familia se ha ido a dar un paseo y me han dejado en el bosque al arrullo de un río con cascada. Marco incomparable. Y en mi soledad he pensado en si me quedase solo, digamos, en una isla desierta, qué diez juegos me llevaría. Sí, el clásico pensamiento de: ¿qué te llevarías a una isla desierta?
Pues bien, para ello, y como dice el del Bricomanía, necesitamos: más amigos, porque si no, pa’ qué leches te llevas ná… Una bolsa grande donde meter diez juegos y una buena espalda para llevarlos a cuestas… Vamos, como Dora la Exploradora pero sin pelo…
Como hace calor, me he visto con la mochila al hombro, to’ sudao por el peso, con los pelos pegaos del sudor a la cara… Bueno, yo no pero los demás sí… Y me he dicho que diez son muchos.
¿Y si fuese tan solo un juego? Pero claro, ¿con qué amigos voy? ¿Con los megafrikis? ¿Con los familiares? ¿¿¿Van a venir a verme a la isla desierta más gente??? Quita, quita, que estoy de vacaciones y me agobio con tanta gente…
Conclusión, que sólo un juego para cualquier tipo de persona, y sólo uno, para siempre, sin posibilidad de jugar a ningún otro… (¡Buaaaaaa, qué pena más grande me esta entrando… buaaaaaa!). Basta de sollozos que parezco un aprendiz de boyscout.
Pues entonces, y bajo las premisas anteriores, yo lo tengo muy claro: sólo puede ser el RA. Funciona igual de bien para tres que para cinco, jugones y familia, con puteíllo, pero sin llegar a las manos, con subasta intensa… En fin, para mí un juego que reúne muchos conceptos que de no haber conocido nada más que el RA no me importaría jugarlo siempre ya que nunca me aburriría.
¿Y vosotros? ¿Cuál os lleváis a la isla desierta?
