El código espagueti es un término despectivo usado en Informática para describir el código fuente de programas (software) escrito innecesariamente complejo y de difícil comprensión. Su nombre se debe a que el código escrito así recuerda a un plato de espaguetis, un montón de hilos enmarañados y liados que uno tiene que ir desenredando para poder llegar a entenderlo. Una tortuosa tarea que lo hace tan denostado en sector de las TIC. Perdonad que vuelva a apoyarme en jergas informáticas pero soy bloguero de recursos literarios limitados y ya sabéis lo que me gusta aderezar mis artículos sobre juegos de mesa con aspectos cotidianos personales.
El término de la mecánica espagueti fue acuñado después de jugar a Merkator, de nuestro querido Uwe Rosenberg. Para los que no lo conozcan, Merkator es un juego de mecánica “pick & delivery”, es decir, recogemos mercancías en un sitio para entregarlas en otro. Es una mecánica habitual en muchos juegos, normalmente sencilla y he aquí el quid de la cuestión: en Merkator encontré unas mecánicas farragosas que complican artificiosamente este proceso, como si la gracia del juego no fuese averiguar la mejor estrategia para hacer las entregas de mercancías sino volverte loco para obtener la información que hay en los tableros. Esta sensación de tirar del hilo de la madeja para poder atar cabos me recordó a ese código espagueti que tanto odiamos desenmarañar los informáticos.
Como habréis podido imaginar, la mecánica espagueti consiste en un jeroglífico indescifrable que obliga a los jugadores a romperse el coco no ya para decidir sus acciones sino para poder interpretar la información, a lo que personalmente no encuentro aliciente. De los juegos con cierta enjundia espero lo suficiente para que te permitan trazar alguna estrategia ganadora y/o que te obliguen a saber adaptarte de la mejor forma a la situación de la partida. No busco pasar una tarde resolviendo un sudoku laborioso, tedioso y aburrido, que más que ingenio sólo requiere tiempo. Ésta es la diferencia entre un juego sesudo, que ofrece una dura toma de decisiones, a uno tedioso cuya gracia es saber descifrar la información que te ofrece, como si absorbiéramos poco a poco un largo e interminable espagueti.
Esta pseudo-reseña se deriva de la crítica que hacía en otro artículo acerca de que la elegancia de los juegos reside en su ratio de profundidad y estrategia con respecto a su sencillez. Recordemos, mejor cuanto más sencillo y en suma, “no te compliques!”. Emplear el 90% de mi turno intentando averiguar dónde estoy para luego dedicar sólo un 10% decidiendo a dónde voy no entra en mis cánones de elegancia, ni de diversión.
Me gusta la pasta y la Informática, si bien detesto el código espagueti. Y cada día tengo más claro que los juegos sesudos cuanto más sencillos, mejor. Las madejas para los gatos.
¿Estás de acuerdo en esta crítica a Merkator? ¿En qué juegos has tenido una experiencia parecida?







